La rana y el escorpión

En las orillas del río Níger, vivía una rana muy generosa. Cuando llegaba la época de las lluvias ella ayudaba a todos los animales que se encontraban en problemas ante la crecida del río.

Cruzaba sobre su espalda a los ratones, e incluso a alguna nutritiva mosca a la que se le mojaban las alas impidiéndole volar. Pues su generosidad y nobleza no le permitían aprovecharse de ellas en circunstancias tan desiguales.

También vivía por allí un escorpión, que cierto día le suplicó a la rana: «Deseo atravesar el río, pero no estoy preparado para nadar. Por favor, hermana rana, llévame a la otra orilla sobre tu espalda».

La rana, que había aprendido mucho durante su larga vida llena de privaciones y desencantos, respondió enseguida: «¿Que te lleve sobre mi espalda? ¡Ni pensarlo! ¡Te conozco lo suficiente para saber que si estoy cerca de tí, me inyectarás un veneno letal y moriré!»

El escorpión le replicó: «No digas estupideces. Ten por seguro que no te picaré. Porque si así lo hiciera, tú te hundirías en las aguas y yo, que no sé nadar, perecería ahogado.»

La rana se negó al principio, pero la incuestionable lógica del escorpión fueron convenciéndola… y finalmente aceptó. Lo cargó sobre su resbaladiza espalda, donde él se agarró, y comenzaron la travesía del río Níger.

Todo iba bien. La rana nadaba con soltura a pesar de sostener sobre su espalda al escorpión. Poco a poco fue perdiendo el miedo a aquel animal que llevaba sobre su espalda.

Llegaron a mitad del río. Atrás había quedado una orilla. Frente a ellos se divisaba la orilla a la que debían llegar. La rana, hábilmente sorteó un remolino…

Fue aquí, y de repente, cuando el escorpión picó a la rana. Ella sintió un dolor agudo y percibió cómo el veneno se extendía por todo su cuerpo. Comenzaron a fallarle las fuerzas y su vista se nubló. Mientras se ahogaba, le quedaron fuerzas para gritarle al escorpión:

«¡Lo sabía! Pero… ¿Por qué lo has hecho?»

El escorpión respondió: «No puedo evitarlo. Es mi naturaleza».

Precioso cuento, que viene a manifestar la importancia genética en los seres humanos. Me pregunto, ¿cómo es posible que en una familia, los hijos que han recibido una misma educación, que han vivido en su infancia en el mismo hábitat, en un mismo entorno social y cultural, ante una situación cotidiana de la vida, reaccionan de formas totalmente diferentes?

La respuesta es sencilla, cada hijo tiene unos componentes genéticos distintos, e interpretan de forma diferente las situaciones. Estas reflexiones me han sido reforzadas al estudiar el Sistema Diseño Humano, un mapa concreto de la naturaleza de ser, y representa una manera lógica de vernos a nosotros mismos. Es, sencillamente una lectura óptica de nuestro código genético, de nuestra naturaleza innata.

Para finalizar, decir que en la vida existe el bien y el mal, para que exista el bien debe existir el mal, y volviendo al cuento, yo te preguntaría, ¿eres “rana” o “escorpión”?

Eres gente que ayuda a los demás, gente en la que puedes confiar, gente a la que invariablemente buscas porque deja una huella positiva en tí, ya sea una huella de cariño, amistad, lealtad, bondad, solidaridad, o eres…

… gente que se pasa hablando mal de los demás, gente que está pensando como destruir la vida de los otros, gente a la que no te puedes acercar porque sabes que invariablemente recibirás una mala palabra, una mala acción, un desplante o un desprecio.

¿Qué tipo de gente eres?, ¿Es tu propia naturaleza?, ¿Te dedicas tiempo para descubrir tu verdadera naturaleza?

Tú decides en que te conviertes y como terminará tu vida.

 

 

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