Mis reflexiones favoritas (IX)

“No nos educaron para saborear la vida y disfrutarla, sino para llevar un pesado fardo psicológico y físico de supuestas obligaciones” (Anónimo)

(Esta frase que os comparto es parte de un texto que casualmente descubrí recientemente en un centro de salud, esperando a ser atendidos por el médico, cuando en el tablón de anuncios, al acercarme vi tan maravilloso texto. Texto que describo a continuación, añadiendo algunas aportaciones personales. Espero que disfrutéis de su lectura como a mí me sucedió.) 

Fuente: Cultura inquieta

Muchas de las enfermedades y angustias que sufrimos en la vida cotidiana, tienen una causa realmente muy simple, estamos sobrecargados.

Continuamente estamos escuchando: “Deberías hacer esto”, “Tendrías que actuar de esta forma”, “Has de ser correcto”, “Hay que hacerlo todo lo mejor posible”, “Debes ser perfecto y sin contradicciones”. ¡Basta! ¡Ya está bien!

Desde que nos lanzan a la vida, nos iniciamos en el acoso y derribo de los condicionamientos externos. Nos quieren forjar a “su” imagen y semejanza, los padres, la sociedad, la escuela, la empresa, el gobierno, los partidos políticos, en definitiva, todos los ingredientes que constituyen el SISTEMA.

Y, eso nos dijeron, y muchas más ordenes que generan demasiadas exigencias y que las hemos convertido en autoexigencias.

Pero es simplemente imposible responder a tanta orden interior y exterior sin derrumbarse de agotamiento, nos quedamos absolutamente vacíos de energía.

¡Basta! ¡Ya está bien! ¿Qué hacemos?

Pues, se trata de empezar a permitirnos echar lastres por la borda, andar más ligeros. La vida es breve, ¡y tan breve! Pero es un camino radicalmente bello.

Cuando una persona comienza a tirar peso, a rechazar tantas ordenes exteriores que no se corresponden con sus anhelos profundos, le cambia incluso el rostro, se le ve rejuvenecer.

Entonces, me digo con una voz profunda, surgida desde mis adentros, con plenitud de fuerza y convicción: ME DOY PERMISO PARA…

Separarme y no estar con personas que quieran controlar mí tiempo, que me exigen explicaciones, justificaciones, argumentos, incluso para defender mi necesidad de parar y descansar.

Me doy permiso, después del trabajo y haberme ganado el pan, para relajarme, y hacer o no hacer nada sin tener que darle cuentas a nadie.

Fuente: maestradepueblo

“Mi tiempo es mi vida, y mi vida es mía, a nadie le debo explicaciones”

ME DOY PERMISO PARA…

Separarme de personas que me traten con brusquedad, presiones o violencia.

No acepto ni la brusquedad, ni mucho menos la violencia, aunque vengan de mis padres o de mi marido, o mujer, ni de mis hijos, ni de mi jefe, ni de nadie.

Las personas bruscas o violentas quedan ya, desde este mismo instante, fuera de mi vida.

“Soy un ser humano que trata con consideración y respeto a los demás, merezco también consideración y respeto”

ME DOY PERMISO PARA…

Que en mis relaciones íntimas, no hacer nada que no quiera hacer. No he nacido para complacer a mi pareja, prefiero que coincidamos en el deseo.

Hablando podemos solucionarlo y, si no acepta mis decisiones y ritmos, es un problema que debe afrontar y solucionar mi pareja, no yo.

“No me forzaré y, por tanto, tampoco dejaré nunca que me fuercen. No acepto que me empujen”

Preciosas declaraciones sustentadas en una clara identidad de ser humano, un ser libre, un ser protagonista de sus propias decisiones, un ser individual y único, aunque el sistema se empeñe una y otra vez en estandarizarlo a su imagen y semejanza.

Un ser que es protagonista de su vida, eligiendo los caminos y decisiones, voluntariamente, sin condicionamientos externos, escuchando su propia voz interna, y siendo responsable de las consecuencias que dichas decisiones generen.

No permitamos nunca vivir una vida que no es la nuestra, una vida que los demás se empeñan en decirnos cómo hay que vivirla. Nunca.

Y, sobre todo tener valor y valentía, sin ningún tipo de miedo, a ser personas auténticas, a separarnos de personas enfermas que nos envenenan el oxígeno que respiramos, a no darles ningún tipo de autoridad, porque son personas míseras, cobardes y mediocres, indignas de ser amadas y respetadas.

Os animo a ser personas Protagonistas de vuestro maravilloso viaje que es la vida, porque lo que importa es el camino que recorramos no la meta.

Y, en ese camino tener el valor y la inteligencia de elegir las personas que os acompañen, personas que os hagan reír, reflexionar, amar, escuchar, respetar, sentir, aprender, y sobre todo, que os hagan crecer para ser grandes personas.

Para  finalizar, os brindo un regalo para que lo llevéis con vosotros, todo el tiempo que os dure el viaje, y que lo impregnéis en vuestro corazón, que es el verdadero motor energético de la vida con pasión, la única y verdadera.

Dicho regalo, es:

NAMASTÉ

Ser uno mismo en un mundo que se empeña, noche y día, en conseguir que seas como todo el mundo, representa la batalla más dura que puede entablar el ser humano.

¡El resultado bien merece la pena!

 

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