La Empatía…

En su adolescencia, una mujer había estado enfrascada en una lucha larga y  amarga con un padre duro y negativo.

Deseando alguna forma de reconciliación, esperaba con ansia el momento en que su padre la llevara en auto hasta el colegio, momento en el que estarían a solas durante horas y poder, así, dar un nuevo comienzo a su relación.

Pero el viaje tan esperado resultaba un desastre: su padre se comportaba fiel a su modo de ser y se pasaba todo el tiempo refunfuñando sobre el arroyo feo y lleno de basura que había al costado del camino. A su vez, ella no veía basura alguna en el hermoso arroyo rústico y virgen. Y, como no encontraba modo de responderle, al final terminaba por callar y pasaron el resto del viaje sin mirarse, cada uno con los ojos vueltos para su lado.

Más adelante, ella hizo ese viaje sola y se sorprendió al notar que había dos arroyos, uno a cada lado del camino.

Esta vez yo conducía – dijo con tristeza – y el arroyo que veía por mi ventana del lado del conductor era tan feo y estaba tan contaminado como lo había descrito mi padre.

Pero para cuando aprendió a mirar por la ventana de su padre ya era demasiado tarde: su padre estaba muerto.

Empatía es “mirar por la ventana del otro”, empatía no es

justificar, es validar su opinión o emoción, ayudando luego a

procesar y re – articular su creencia.

Fuerte relato, pero que a mi modo de entender describe con claridad una de las carencias sobresalientes del ser humano, la incompetencia de saber escuchar, al haber carencia de respeto.

Cada día que pasa, cada año que pasa, en mi trabajo, en mi entorno, con los amigos, con la familia, cada vez soy más consciente de esta necesidad tan importante para el bienestar en las relaciones personales, la escucha, el respeto y como consecuencia la empatía.

Y, como muy bien describe el relato, en ocasiones, llegamos tarde. Cuando descubrimos la “otra ventana”, ya es demasiado tarde, y no se ha podido producir un acto sublime en las relaciones humanas, el perdón. Perdón, por invalidar la diferente mirada de la otra persona, por empeñarnos en que nuestra mirada es la verdad, la única. ¡Qué gran error!

El respeto, es la emoción positiva que nos permite gestionar con inteligencia la gestión de las diferencias en las relaciones humanas, en nuestras conversaciones.

Aprendamos a respetar, a aceptar que la “mirada del otro” es legítima, porque somos únicos e irrepetibles, por consiguiente, facilitaremos la escucha, y con ello construiremos Empatía, “ponerse en la ventana del otro” y nuestra mirada se volverá diferente, volviendo la luz a nuestras relaciones, a nuestras vidas.

 

 

About the author

Related posts

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Suscríbete a nuestras newsletter
Te invito a adentrarte en el mundo del Coach Ontológico y a disfrutar de mis programas para mejorar tu actitud y motivación diaria.