¿Hiper – Padres o Hipo – Padres?

“Hemos pasado de tener hijos mueble, a los que hacíamos poco caso, a tener hijos altar, a quienes veneramos” (Eva Millet)

La lectura de una entrevista realizada a Eva Millet, periodista y autora del libro “Hiperpaternidad”, de Plataforma Editorial, me motivó a escribir este artículo que a continuación desarrollo.

Según las propias reflexiones de Eva Millet: “… La Hiperpaternidad se caracteriza por una atención excesiva a los niños y una perpetua supervisión. Los padres resuelven sistemáticamente los problemas a sus hijos y esto tiene consecuencias, porque los está haciendo menos autónomos”.

Ahora bien, me pregunto, ¿Cuál es el modelo adecuado? ¿Qué comportamientos son los más adecuados? ¿Libertad o control? ¿Caos o rigidez? ¿Hiper – padres o hipo – padres?

Es precisamente la última pregunta formulada la que he escogido como título del presente artículo. ¿Es mejor opción, actuar como hiper – padres, ya que a través del control, hacemos que nuestros hijos crezcan con orden y responsabilidad?

O, por el contrario, ¿la mejor opción es actuar como hipo – padres, dando libertad de actuación, y dejar que hagan y tomen sus propias decisiones con total libertad y autonomía?

La respuesta, según mi opinión, es a la vez compleja y sencilla. El modelo a elegir, y como padre que soy, diría que la virtud está en el equilibrio y en la adaptabilidad. Argumento la respuesta.

En primer lugar, y según mi propia experiencia, los hijos no se educan por lo que decimos, sino por nuestros propios comportamientos diarios, y nuestra manera de actuar en la vida. Esa manera de actuar obedece a nuestros propios valores, es decir, ¿cuáles son los valores que constituyen nuestra guía en la vida? ¿Nos hemos planteado como padres qué valores queremos transmitir a nuestros hijos predicando con el ejemplo? ¿Hemos elegido la escuela adecuada, en función de los valores que queremos transmitirles?

Rotundamente NO. Mi mujer es maestra, maestra de vocación, y puedo compartir con todos vosotros queridos lectores, que me produce una enorme tristeza lo que vivo, escucho y observo en las escuelas

El niño se ha convertido en el protagonista intocable del sistema educativo. Son como hechos con porcelana, no se les puede recriminar nada, y cuidado con lo que les dices, porque puedes herir sus emociones básicas y producirles un enorme trauma. Gravísimo error porque los estamos convirtiendo en niños sin identidad, en niños manipuladores y sin respeto alguno, sencillamente porque se sienten fuertes e intocables, como he dicho anteriormente.

Entonces, quien son los responsables de la situación. ¿Los padres? ¿El sistema educativo? ¿La sociedad? ¿Los propios niños?

Pues creo honestamente, que todos tienen parte de responsabilidad. Pero en mayor medida los padres.

No es positivo ni actuar como Hiper – padres, porque impedimos un crecimiento autónomo y responsable de nuestros hijos, ya que al tener un control y una sobreprotección los hacemos adictivo – dependientes, les coartamos la capacidad de tener iniciativa, de resolver sus propios conflictos, y lo más preocupante, los hacemos irresponsables, al impedirles que asuman las consecuencias de sus propios comportamientos provocándoles una ceguera para distinguir lo que está bien y lo que está mal, y especialmente un sentimiento de vacío hiriente, al no tener ningún sistema de valores.

Y, tampoco es positivo actuar como Hipo – padres, una desatención caótica de los hijos que generan un sentimiento de abandono y falta de cariño, que repercutirá en el crecimiento adecuado de los hijos. En la vida adulta, saldrán los graves problemas de la niñez, y sus comportamientos estarán condicionados por una búsqueda constante de atención y aceptación, convirtiéndose en dependientes emocionales.

Entonces, ¿Qué es lo mejor? ¿Por dónde empezar? ¿Qué hacer? En mi opinión, no existe lo mejor ni lo peor, es lo adecuado, la flexibilidad y la adaptabilidad los tres pilares básicos para iniciar un adecuado proceso educativo.

Y, dichos pilares se elegirán en función de los valores que deseemos transmitir a nuestros hijos. Es absolutamente crítico esta cuestión. Sin valores no pueden existir los cimientos adecuados para construir un proyecto educativo, un proyecto de vida. Por lo tanto, tenemos que empezar por los valores, y comportarnos coherentemente y día a día, como ejemplo para nuestros hijos.

A continuación, muy importante, elegir la escuela, el colegio adecuado, y la decisión responsable de los padres, tiene que basarse en los valores familiares y por consiguiente, el colegio elegido debe convertirse en una extensión de los mismos. La comunidad educativa, constituida por los padres, hijos, maestros y dirección del colegio, debe convertirse en un proyecto educativo compartido y coherente. Un espacio integrador, donde se respete la individualidad de cada niño. Soy de la opinión, que la educación no puede ser estándar para todos, cada niño requiere de una personalización educativa dentro de un modelo integrador.

“Educar para SER: eres único, ámate a ti mismo, no tienes elección” (Ricardo Almenar)

Y, para ir finalizando, aporto una reflexión personal, ¿se puede educar de la misma forma a nuestros hijos?, según mi propia experiencia, digo que no, cada hijo es diferente, porque tienen genéticas diferentes, y viven las experiencias de la vida cotidiana de diferente forma, y por lo tanto, la flexibilidad y adaptabilidad educativa es necesaria. Cada situación requiere un estilo único y personal adaptado a las circunstancias, al contexto y al hijo, como persona única e irrepetible.

Por último, me gustaría concluir con una sentencia de un juez, que escuché en un programa de radio, en un juicio que se celebraba entre una madre y un hijo, por una reclamación dineraria.

Esta fue la sentencia: “Señora, como padre que soy de dos hijos, le digo que los padres tenemos dos responsabilidades, la primera, educación, y la segunda, darles alas para que vuelen”.

 Preciosa sentencia, que comparto totalmente.

 

 

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