Píldoras reflexivas para vivir y sentir 2

Nuestro tesoro se halla en la colmena de nuestro conocimiento. Estamos siempre de camino hacia allí, pues somos insectos alados de la naturaleza y recolectores.

Como Schopenhauer, Nietzsche se interesó en su juventud por el crisol de filosofías orientales que convergen en la India.

Heredero de una larga tradición espiritual orientada al conocimiento de uno mismo, Ramana Maharshi fue tal vez el último “gran gurú” que trabajó con el instrumento que nos hace humanos: la mente.

Ramana animaba a sus discípulos a que se formularan la pregunta “¿Quién soy yo?”. Tras saberse que estaba desarrollando un cáncer, tranquilizó a sus discípulos diciendo: “No me voy a ninguna parte. ¿Adónde podría ir?”.

Nietzsche compara la conquista de la mente con una abeja volando hacia lo más profundo de uno mismo: “Así como el pescador de perlas se ata una piedra a la cintura y se hunde en el fondo del mar para allí recogerlas, cada uno de nosotros debe armarse de desapego, zambullirse en el interior de sí mismo y obtener la perla del Sí-mismo”.

Para encontrar esta perla no es necesario peregrinar a la India ni entregarse a complejos ejercicios espirituales. Basta con mirar reposadamente hacia dentro.

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