Ética y Liderazgo

“Dar ejemplo no es la principal forma de influir en los demás; es la única” (Albert Einstein).

Antes de introducirnos en la reflexión que genera la frase que encabeza  el presente artículo, me gustaría compartir unas palabras de Andrés Ortega, que comparto plenamente y que me han motivado para escribir el presente artículo: Ética y Liderazgo.

 “Últimamente recurrimos con cierta frivolidad a la idea de que la economía del conocimiento que nos envuelve justifica el retorno al humanismo; que el nuevo modelo económico será implacable con aquellas organizaciones que no ensalcen la figura de la persona, que, milagrosamente ha dejado de convertirse en un recurso; casi ofende de nuevo que hasta un pasado muy reciente las personas no fueran más que eso… recursos de usar y tirar… elementos productivos de una economía de otro tiempo…

… Porque mientras la digitalización nos engulle, mientras aparecen las tendencias, mientras sepultamos las practicas asociadas a la economía industrial… no debemos ni podemos olvidarnos de la ética, de la necesidad de predicar con el ejemplo, de la imperiosa necesidad de trabajar con la verdad sin maquillar la realidad, de la virtud que supone la honestidad vivida en primera persona, de entender que conseguir el bien común está por encima de cualquier interés individual, de estar dispuesto a ofrecer antes que a pedir…

Las grandes proezas organizativas nunca tendrán lugar solamente por ser vanguardistas, ni mucho menos por jubilar anticipadamente los conceptos apolillados en el baúl de los recuerdos del management… sino más bien por actuar con una ética inquebrantable y férrea, a prueba de tendencias y destierros.  Porque no lo olvidemos nunca… sin ética no hay compromiso…”

 

Reunión de Jefes. Gerhard Haderer

 Efectivamente, sin ética no hay compromiso, que gran verdad. Sin embargo, en mis proyectos profesionales con las empresas, oigo con muchísima frecuencia la arquetípica frase: “… es que la gente no está comprometida, no tiene iniciativa”. Hombre que casualidad, o bien diría yo, que causalidad; cómo pretenden que los “empleados” tengan comportamiento proactivos, si a la primera de cambio, ante un error hay, en la mayoría de las ocasiones un “castigo”, una “reprimenda”, una “mala cara” por parte del “jefe”. Es más, me pregunto con frecuencia, ¿creéis que realmente se escucha con  autenticidad y atención las propuestas de los empleados, por parte de la dirección de los “directivos”?

Os invito queridos lectores, que con honestidad os miréis al espejo y os respondáis.

Mientras no consideremos a las personas como referencia absoluta, estaremos instalados en la mediocridad de la vida empresarial,  siendo no auténticos, siendo unos verdaderos hipócritas, por lo tanto, no siendo éticos.

 La modernización de las empresas, en general, de todas las organizaciones, pasa por considerar a las personas como el recurso más valioso para la empresa. Para ello, son necesarias varias condiciones:

  • Debe existir una cultura lo más explícita posible, punto este que ya hemos desarrollado anteriormente.
  • La organización y las relaciones internas de la empresa deben configurarse de tal modo que ofrezcan a las personas retos excitantes, en los cuales estas, puedan comprometerse libremente y desarrollar lo mejor de sí mismas.
  • Cada persona deber percibir con claridad un interés explícito y específico por ella como sujeto diferenciado no como recurso.

En definitiva, considerar a las personas como la referencia absoluta de una organización requiere de un liderazgo ético, de personas con unos valores auténticos, yo diría con unos valores arraigados en la propia familia, interiorizados en la persona, con unas creencias humanistas muy consolidadas, y con una nueva forma de interpretar la vida y las relaciones internas de una empresa.

Y, estas son, bajo mi punto de vista, las bases fundamentales para aplicar en el día a día lo que nuestro querido, Albert Einstein, nos dice: “Dar ejemplo no es la principal forma de influir en los demás; es la única”

 Para finalizar, si me preguntarais estimados y apreciados lectores, como puedes distinguir a un líder ético, una persona que predica con el ejemplo, un líder que de verdad cree que las personas son la referencia absoluta de su empresa, os respondería con unas reflexiones que en su momento escribí sobre innovación y liderazgo:

Martin Luther King

Un líder lo distingo porque lo siento, su mirada, la forma de escuchar, la corporalidad que provoca en los demás, son coherentes, inspiran confianza, dicen lo que hacen y hacen lo que dicen, generan capacidad de acción, hace que los demás hagan, disuelve conflictos, en momentos de tensión tienen la habilidad de provocar risas para relajar la emocionalidad del momento, convencen, son generadores de atrevimiento, de innovación, de ilusión, de optimismo, son inconformistas por naturaleza, en definitiva, son personas que generan confianza y compromiso, a través de su lenguaje, su corporalidad y su emocionalidad, y tienen una fuerte identidad privada, y sobre todo, generan poder a través de una extraordinaria humildad”

 En síntesis, y como conclusión final, diría con absoluta sencillez que un líder simplemente es una GRAN PERSONA. Y que además las grandes personas son imprescindibles para hacer realidad la siguiente reflexión:  

 “La empresa se debe convertir en un espacio de educación para el crecimiento personal y profesional; un espacio de reflexión, conversación y consenso” (Ricardo Almenar)

Suscríbete a nuestras newsletter
Te invito a adentrarte en el mundo del Coach Ontológico y a disfrutar de mis programas para mejorar tu actitud y motivación diaria.