Abecedario de la Empresa Familiar

Estimados navegantes, continuamos con la aventura del Abecedario de Empresa Familiar.
Atiquifobia.-


Atiquifobia no forma parte del diccionario de la Real Academia Española (RAE).
Desde la mirada psicológica podemos describir la Atiquifobia como un miedo «persistente, anormal e injustificado a fracasar, a equivocarse o a cometer errores» que condiciona de forma determinante la calidad de vida de quienes lo sufren.
Actualmente existe una gran presión en la sociedad por obtener éxito y no equivocarse. Vivimos en una sociedad en la que hemos aprendido a desarrollar un miedo paralizante a cometer errores. Una sociedad en la que cometer un error es penalizado y se refuerza y reconoce el “hacerlo bien a la primera”.
Este error de concepto ha hecho que muchas personas experimenten verdadero pánico a equivocarse, y lleguen a desarrollar cuadros importantes de ansiedad y depresión.
Síntomas físicos, que incluyen tensión muscular, palpitaciones, taquicardias, dolores de estómago y de cabeza, náuseas, pérdida temporal de memoria y ataques de pánico.
Entre los Síntomas psicológicos se encuentran un alto nivel de autoexigencia y rigidez, excesivo perfeccionismo, problemas de autoestima, así como ansiedad y pensamientos anticipatorios negativos.
Altos niveles de exigencia desde la infancia, haber experimentado un fracaso anteriormente por el que se sintió vergüenza o se sufrió humillación, el perfeccionismo y la baja autoestima, así como la presión por parte de la cultura imperante por lograr la perfección y el éxito en los diferentes ámbitos de nuestra vida, constituyen las causas de la Atiquifobia.
Pero, ¿Qué ocurre en las empresas familiares?
Valido plenamente la definición de Atiquifobia y sus síntomas, puesto que en mi vida personal y profesional lo he vivido.
El grado de intensidad de dicha enfermedad, va a depender de la cultura y valores familiares impregnados en la propia familia. Una vez más el “arraigo afectivo” adquiere una vital importancia en el desarrollo de la persona, tanto en el ámbito personal como empresarial.
La necesidad de que los hijos alivien inconscientemente las frustraciones de los padres, estudiando carreras que en absoluto son de su agrado, pero claro ¡¡tienes que seguir con la tradición familiar!!
Las frases que retumban permanentemente en tu cerebro:”Eres un privilegiado, tienes trabajo y empresa, cuestión que los demás no tienen”; “Eres el mayor, y tienes que asumir la responsabilidad de ser el padre de tus hermanos” “Tienes que ser el mejor” “Vas a estudiar en un internado” etc.…
Empresas familiares de segunda e incluso de tercera generación “cargan” en sus espaldas como una losa de 1000 toneladas el apellido de la familia. Su padre fundó la empresa y tuvo éxito, generó un patrimonio familiar, y esto conlleva no una responsabilidad para los hijos, sino una “obligación” de seguir siendo “exitosos”.
Realmente esta enfermedad es un inhibidor para la toma de decisiones, por el “fatídico miedo a equivocarse”, lo que genera una presión que incluso en ocasiones acarrean verdaderas depresiones. Además, si la empresa está ubicada en poblaciones reducidas, se quintuplica la presión por el propio entorno. Y, aquí se mezclan sentimientos, como la envidia, los celos, y en algunos casos, la alegría de “verlos caer”. Triste, pero una realidad.
Este temor puede conseguir que no mostremos todo nuestro potencial o evitemos ciertas situaciones por miedo a no tener un desempeño bueno.
Evitar situaciones como la no toma de decisiones y/o permitir ciertas conductas no permisivas, es lo más dañino y frustrante que suele ocurrir en una empresa familiar. Estas experiencias las viví con manifiesta claridad en la crisis del 2008, en las cuales estaba trabajando con proyectos en varias empresas familiares. Os puedo asegurar la dureza de la situación por lo que atravesaron personas y familias.
En esos momentos, es cuando un responsable debe ser valiente y tener carácter para tomar decisiones críticas, aplicando la comunicación con claridad y transparencia. Desarrollar la escucha, la empatía. Construir unos valores con la participación del Equipo de Dirección y las personas de la Organización, predicando con el ejemplo.
Y, ahí, en esas situaciones te das cuenta como la única forma que entiendo existe para superar y sobreponerse a la Atiquifobia, se llama Resiliencia. Palabra que ya trataremos con amplitud en el Abecedario.
Experiencias Vividas:
“Trabajando en una de esas empresas familiares que os he comentado con anterioridad, fue donde descubrí la enfermedad llamada Atiquifobia. Que, aunque soy Psicólogo, tengo que reconocer que hasta entonces la desconocía.
Estábamos inmersos en un proyecto de Coaching para trabajar las competencias directivas adecuadas en un proceso de cambio cultural de la empresa.
Durante el proceso de trabajo plantee la Dinámica: Variables psicológicas para el cambio. Facilitadores e Inhibidores. La Dinámica se estructuraba en tres fases: Atractivo del cambio, Decisión de cambiar, y Cambio real. Cada fase a su vez se subdividía en determinadas variables, unas facilitaban el cambio, otras las inhibían.
En la fase “Atractivo del cambio”, una variable psicológica de peso como inhibidora aparece el “Temor a las consecuencias del cambio”, otra variable inhibidora es “Tranquilidad por lo que no va a cambiar”.
Entre los resultados obtenidos aparecían dos afirmaciones que me suscitaron interés en indagar, que fueron:
 “Dejar las cosas como están”, motivado por un cierto historial de éxito que ha trascendido al entorno interno de la empresa.
 “Presión especial a realizar cambios por el riesgo a que puedan ser fatales: ¡¡4ª Generación!!”.
Al indagar en estas dos afirmaciones, sobremanera la segunda, descubrí el significado de lo que la palabra Atiquifobia suponía para la sucesión de la empresa familiar.
En las conversaciones mantenidas me llegaban a flor de piel el temor, el verdadero pánico al error, lo que el entorno y el sistema acuñan como fracaso. En nuestra cultura la palabra fracaso no está permitida, y si además, vienes de un historial de éxito no digamos. Entendí perfectamente el sentimiento de dolor y pavor, que generaba en la Dirección.
Supuso unas sesiones de coaching individual con la Dirección General, para fortalecer la autoestima, la gestión de las emociones, el fortalecimiento de la rabia, emoción adecuada para la lucha y afrontar las situaciones derivadas del cambio, en definitiva, cultivar la Confianza para él y la empresa. Los resultados obtenidos fueron satisfactorios.
El proyecto siguió adelante y se realizaron los cambios obtenidos en los procesos de reflexión con el Equipo directivo.”
Conclusión:
En la vida se gana o se aprende, Es una buena frase para entender que la palabra fracaso es una invención de la sociedad, del sistema. Cada uno debe aprender a definir el significado de éxito y el significado de fracaso.
La historia está llena de personas ilustres que consiguieron grandes descubrimientos para la evolución de la Sociedad, y que se lograron tras muchos “fracasos”. En otras culturas, la palabra fracaso se valora mucho, porque lo asocian a aprendizaje, a crecimiento.
En nuestro país, en nuestra cultura, sucede todo lo contrario, la propia sociedad, el sistema financiero, tu propio entorno, te ponen la crucecita, estás muerto de por vida.
“Intenta no volverte un hombre de éxito, sino volverte un hombre de valor” (Albert Einstein).
Cuando en las sociedades más avanzadas, en las propias empresas emergentes, consideran al error, no como un fracaso, sino, como la fuente legitima del aprendizaje. Las personas que no se equivocan son aquellas, o bien que no deciden, o bien que no se mojan, pero cuidado que no te equivoques tú, porque van a por ti.
Es el resultado de la mediocridad. Vivimos en una triste y permanente mediocridad. Pero empiezo a observar, brotes verdes, personas valientes, creativas, imaginativas con identidad, que están visualizando que el futuro de las empresas familiares se sustentan no en el individualismo, no en el “Yoismo”, no en los “Proyectos Egóticos”, sino todo lo contrario, en el “nosotros”, en la cooperación inteligente, en definitiva en la “sabiduría colectiva” donde las personas se alinean con un proyecto de futuro compartido.
“El secreto del éxito es el compromiso con los valores compartidos de la organización. Cuando los líderes conectan con los corazones de las personas mediante los valores para lograr objetivos compartidos, suceden cosas asombrosas” (Simon Dolan, co – creador del Coaching x Valores)

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