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Uvilandia y el compromiso

Había una vez un rey. Era el monarca de un pequeño país, llamado principado de Uvilandia. Su reino estaba lleno de viñedos y todos sus súbditos se dedicaban a la elaboración de vino. Con la exportación a otros países, las quince mil familias que habitaban Uvilandia ganaban suficiente dinero para vivir bastante bien, pagar los impuestos y darse algunos lujos.

Hacía ya varios años que el rey estudiaba las finanzas del reino. El monarca era justo y comprensivo, y no le gustaba la sensación de meterle la mano en los bolsillos a los habitantes de Uvilandia. Por eso hacía grandes esfuerzos para encontrar la manera de reducir los impuestos.

Necesidad desmedida de criticar

“Quién dedica tiempo a mejorarse a sí mismo, no tiene tiempo para criticar a los demás” (Madre Teresa de Calcuta)

Coach Ontológico

El vicio nacional, la envidia, el alimento de las personas que lo critican todo y a todos, personas denominadas “carroñeros del alma”.

Bernabé Tierno, describe inteligentemente a estas personas, como “buscadores de defectos, debilidades y miserias humanas. Jamás pretenden ni remotamente encontrar soluciones a los problemas y defectos, únicamente les seduce, les encanta refocilarse con su hallazgo, con la noticia”.

Hay tres comportamientos que personalmente me producen un gran malestar, tanto en mi vida profesional como personal, y que son:

Criticar, nos estresa y posiciona nuestra energía contra otro, en lugar de disponer de ella para nosotros mismos; Quejarse, centra su energía en descubrir lo que está mal, genera negatividad, en vez, de utilizar dicha energía en buscar soluciones (Leer el post de mi blog: Los 6 Cánceres de toda Organización).

La rumorología, destruye las relaciones sanas en cualquier empresa u organización, es dañina, se habla sin verificar la información, se emiten juicios permanentes sin fundamentarlos, sin argumento.

La rumorología es el micrófono de los mediocres imitadores del periodismo chabacano que existen en ciertos medios de comunicación, y de ciertos canales de televisión. Sencillamente lo concluyo con una palabra: Vergüenza.

Estos mediocres imitadores, no van de cara, son cobardes y mediocres, son vomitivos y por desgracia abundan en todas partes.

No hablan bien de nadie, se quieren desfogar contigo y tratan de incitarte a entrar en esa dinámica barriobajera de hablar mal de los demás, sin estar presente la persona objeto de la crítica, pero ¡cuidado!, cuando te vas  y te das la vuelta, vas a ser la siguiente persona objetivo de la crítica.

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¿Qué actitud hay que tener ante un “carroñero del alma”?

  • No gastes tu precioso tiempo con este tipo de personas, no se merecen ni un segundo ni en escucharles, ni intentes persuadirles para que cambien su actitud. Perderás toda tu energía, ya que son grandes “vampiros energéticos”.
  • La crítica destructiva que se alimenta de la envidia, son realizadas por personas miserables, que ni respetan tu dignidad ni tus valores, lo más saludable es retirarles tu confianza e inscribirlos en tu listado personal de “personas eliminadas” en tu vida.
  • Ser conscientes de que realmente este tipo de personas, tienen multitud de complejos, son desgraciados e infelices, les corroe tus cualidades y capacidades, y como decía Napoleón, “la envidia es una declaración de inferioridad”. Por lo tanto, agradecerles la importancia que nos dan al ser blanco de sus críticas.

El Pensamiento Crítico

Por el contrario, el pensamiento crítico se sustenta en la crítica constructiva, en la sana, necesaria y buena crítica, sustento para las mejoras relaciones tanto en las empresas, como en las relaciones personales.

¡Qué necesidad existe de educar el pensamiento crítico en las aulas de los colegios, de las universidades, en las fábricas, en las empresas, en las instituciones públicas, en ayuntamientos, en hospitales… y como no, en la clase política, tema candente de actualidad!

Necesidad de aprender a criticar, no desde el odio, la envidia o la venganza, sino desde el respeto, la bondad, el deseo explícito de ayudar a los demás.

La persona inteligente, con pensamiento crítico, detecta el problema o el error, y desde la sinceridad te lo muestra, y argumenta, y no sólo se queda con el diagnóstico de la situación, además lo acompaña de alternativas, busca soluciones, te muestra acciones y te ofrece ayuda para realizarlas.

Este tipo de personas son las adecuadas para generar superación ante los problemas, superar limitaciones, comportamientos proactivos, creadores de emociones positivas a través del pensamiento positivo y tan necesarios en las empresas.

Mi humilde sugerencia, sé un buscador de personas constructivas, con pensamiento crítico, optimistas, sensatas, ocurrentes que contagian su fuerza interior, su positivismo, sus ganas de vivir y con su simple presencia todo lo transforma y optimiza.

Mímalos, cuídalos e inscríbelos en tu listado de “personas al haber”, personas que deseo tener en el viaje de la vida.

Para finalizar, y tal como hemos iniciado el artículo, no hay mejor tiempo que las personas que deciden invertir en mejorar su vida, el mejor médico del alma, eres tú mismo.

¡Conviértete en el artista de tu paz interior!

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¿Cómo?, siendo buscadores de herramientas de trabajo, que te ayuden a satisfacer las 4 necesidades universales de todo ser humano:

Sentido= necesidad, propósito, sensación de orgullo en uno mismo, paz.

Esperanza= sentido de futuro, capacidad para cambiar, hacer de los 5 próximos años, los mejores de tu vida.

Aprendizaje= crecimiento personal, paso a paso, a través de éxitos y errores.

Relaciones= “vivencias” de relacionarse con diferentes personas, vivir con y a través de ellos.

Necesidades Universales, que requieren de un tiempo precioso para lograr ser Personas, grandes personas que necesitamos para mejorar la sociedad en que vivimos, y no caer en la miseria de convertirnos en “carroñeros del alma corroídos por la envidia”.

 

 

 

Necesidad desmedida de no asumir responsabilidades

“Si evitan siempre las confrontaciones, viven su vida a nivel superficial. Es útil recordar que al otro lado del dolor está el placer, y en el otro lado del miedo está la libertad, para ser nosotros mismos.

Cuando simplemente decimos nuestra propia verdad, en vez de echarle la culpa al otro, la confrontación es un catalizador para la transformación sana.”  (Lynda Bunnell, Diseño Humano).

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La mayoría de las personas quieren una solución inmediata o rápidas respuestas para sus problemas. Y la realidad es bien distinta, por lo menos la realidad que yo conozco. Se requiere de una actitud humilde y paciente para asumir la confrontación más compleja y fantástica del sentido de vivir, el conocimiento de uno mismo, toda una aventura.

Y esta aventura requiere de energía para afrontar nuestros temores, nuestras inseguridades, requiere tiempo de dedicación a nosotros mismos, requiere no compararse con nada ni con nadie, requiere de descubrir el SER que somos, y no el YO idealizado que nos quieren vender.

Requiere sobre todo dosis de valor, de tener valor para abrir la puerta al potencial del amor a uno mismo, al amor a la vida y al amor a los demás mediante la comprensión.

Pero en la realidad de mi existencia, de mi experiencia profesional, existen pocas personas que tengan la disposición de tener una vida plena y consciente y sacarle el meollo a la vida. Porque se necesita mucha predisposición, mucha paciencia, mucho trabajo y sobre todo perder el temor a encontrarnos con “cosas desagradables” que no queremos afrontar. Y, sin embargo, es respetuoso y muy humano.

Hay tres tipos de personas bien diferenciados en función de su actitud: Personas Activas, personas que trabajan, toman decisiones, se responsabilizan y logran objetivos; Personas Pasivas, no toman decisiones, irresponsables, no están para nada, no saben ni contestan, no se puede contar con ellos, siempre tienen una excusa para no salir de su inactividad y de su inmovilismo.

Las Personas Pasivas, son personas dependientes, siempre se arriman a alguien para que se hagan cargo, se responsabilicen de ellos y les dé seguridad.

Y, las Personas Parásito, adoptan el rol consciente de ineptos, de desvalidos e incapaces, pero que escogen e identifican a personas compasivas, bondadosas, nobles, responsables y viven a su rebufo y “protección”. Han encontrado el “perfecto escudo” para buscar culpables a su pobre y desgraciada vida.

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Tenemos, una vez más, que volver a reflexionar sobre la importancia que tienen los padres en la educación de sus hijos. Es un grave error súper proteger a nuestros hijos en su vida cotidiana, resolviéndoles sus problemas, sus dificultades en el día a día, con esa actitud miedosa y sufridora lo que estamos generando son niños dependientes, temerosos, inactivos, incapaces, y lo más dañino, sin habilidades sociales y esclavos del que dirán.

¿Sabéis lo que cuesta desaprender esa dependencia? ¿Sois conscientes del daño que genera?

La falta de autoestima, la deficiencia afectiva y disfrute de la vida son consecuencias nefastas provocadas por ese desmedido proteccionismo.

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“El entrenamiento, la convicción y el pensamiento positivo, son los tres ingredientes básicos de una actitud sabia” (Ricardo Almenar)

Con esta reflexión quiero transmitir la necesidad de tener actitud para hacer frente a lo que tememos, el miedo es útil, como ya hemos comentado en anteriores artículos, pero la palabrería es la excusa perfecta para no pasar a la acción, porque hay temor, hay cobardía, por eso las personas pasivas, siempre evaden su responsabilidad, a través de la huida permanente, sin tener el valor de descubrir y detectar los temores de su arraigo afectivo (infancia, hábitat, padres, familia,…).

En definitiva, un sinfín de excusas para instalarse en la comodidad de ser pasivo, de dejar que los demás se ocupen de él.

Hacer frente a dichos temores pertenece a las personas activas, que buscan la solución a través del entrenamiento, acción recurrente para disolver las heridas emocionales, desde la convicción de sentirnos capaces de lograrlo y convertirnos en personas dignas de confianza.

Y, para finalizar me gustaría compartir unas reflexiones maravillosas de Allan Percy, en su libro, El Coaching de Oscar Wilde:

“Adueñarse de la propia vida significa pensar por uno mismo, sentir por uno mismo, decidir por uno mismo y asumir las consecuencias de todos nuestros actos.

Significa ser responsable y por lo tanto, ser libres de no exigir a los demás lo que no nos exigimos a nosotros mismos”.

 

 

 

 

Necesidad desmedida de preocuparse

“Preocúpate más por tu conciencia que por tu reputación; porque tu conciencia es lo que eres, es tú problema; tu reputación es lo que otros piensan de ti, y lo que piensan los demás, es problema de ellos” (Albert Einstein)

Hay que reconocer la existencia de personas que tienen la habilidad de captar problemas permanentes, que ven en todas situaciones, dificultades y obstáculos, son de naturaleza pesimistas, fatalistas e impregnadas de miedos que inmovilizan cualquier tipo de acción.

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Como diría nuestro simpático personaje, Jack Sparrow, de la película “Piratas del Caribe”: “El problema, no es el problema. El problema es tu actitud ante el problema, ¿entendido?

Y, así se comportan, nunca emiten una palabra positiva, tienen una visión fatalista de la vida, viven el presente con las desgracias y males del pasado, viven constantemente en una preocupación negativa y agresiva que los paralizan e inhabilitan para visualizar una solución, una posibilidad de cambio.

Hay que recordar que el ser humano es portador de un ADN de  Supervivencia, programados para el ataque (defendernos) y para la huida (escapar del peligro), para protegernos de las amenazas ambientales, a través del miedo.

Además, tengo que añadir el descubrimiento de una nueva tipología de personas en nuestro entorno actual, los denominados Vampiros Energéticos, personas adictas a la queja continua, personas donde la negatividad es su rasgo más común, tienden a censurar y culpar  a las personas de su entorno inmediato de su situación, si les contamos cualquier proyecto ilusionante, se encargan rápidamente de destrozarlo, identificando todos los obstáculos posibles, y el indicador más contundente para detectar que hemos estado con un vampiro energético, es que una vez finalizada la conversación, nos sentimos enormemente fatigados y con el ánimo muy bajo.

 

Ante este contexto, y rodeado de dichos personajitos, todos desearíamos lanzar una voz desgarrada de ayuda: ¡¡Por favor, que alguien me motive!!

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Entonces es cuando recurrimos a las Personas Medicina, personas optimistas, que ven los problemas como situaciones a resolver, que dedican su energía a generar opciones alternativas de solución, que se “ocupan” de los problemas a través de conductas “S”: serenidad, silencio, sabiduría, sonrisa y que generan la hormona de la felicidad, Serotonina.

Este tipo de personas son necesarias en tu vida, es una actitud sabia encontrar y buscarlas, porque te dan energía positiva para afrontar las dificultades diarias de la vida y te ayudarán a hacer frente y crecer como persona.

¿Qué hacer para gestionar y disolver la preocupación desmedida y agresiva?

Nos fortalecemos y ganamos VALOR y CONFIANZA, con cada experiencia en la que realmente nos paramos a mirar el miedo a la cara… debemos hacer aquello que creemos que no somos capaces” (Eleonor Roosevelt).

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Para adquirir valor y confianza, tenemos que transformar nuestros estados anímicos de resignación y resentimiento a un estado anímico de AMBICION, donde generamos un mundo de posibilidades y realidades, el presente constituye el futuro, y de  PAZ, en el que somos conscientes y aceptamos  que no podemos cambiar el pasado, liberándonos a través del perdón.

Un recurso que considero muy útil para disolver esa excesiva preocupación que nos bloquea y paraliza, es el Proceso PEACE (Lou Marinoff, del libro Más Platón y menos Prozac)

Se trata de un acrónimo: Problema/Situación, Emoción, Análisis, Contemplación y Equilibrio.

Problema/Situación: Consumimos media vida deshaciendo entuertos, es perfectamente humano, la cuestión es si esos entuertos merecen la atención que les estamos dedicando. Buda decía: “El que no sabe a qué cosas atender y de cuáles hacer caso omiso, atiende a lo que no tiene importancia y hace caso omiso de lo esencial”.

Para saber cuál es la calidad de nuestros problemas, hagamos la siguiente pregunta, ¿Tendrá alguna importancia de aquí a un año?, si la respuesta es afirmativa, debemos ocuparnos de él inmediatamente, si es negativa, hay que desterrarlo.

Emoción: ¿Qué emociones nos provoca dicho problema/situación?, debemos aprender a conocer nuestras emociones ante diferentes situaciones, es aconsejable trabajarnos mediante diversos ejercicios para distinguir nuestras emociones.

Análisis: Hay que analizar las opciones que tenemos para resolver el problema, se requiere de un periodo de reflexión. Lo mejor sería normalizar tanto el problema/situación como las emociones provocadas.

Contemplación: Tenemos que retroceder para ganar perspectiva, para tener una visión global sobre el problema y el contexto y sus interrelaciones.

Equilibrio: Después de identificar el problema, conocer las emociones provocadas, ver las opciones que hay y tener una visión global, estamos preparados para tomar las decisiones más apropiadas.

Hay  personas que son capaces de llegar hasta el final del proceso, hay otras personas que tardan meses en llegar a las mismas conclusiones, cada persona deba llevar su ritmo.

Cuando las personas finalmente se dan cuenta del tesoro que tenían enterrado en su interior, toman conciencia de que su vida acaba de cambiar y pierden gran parte de sus miedos, se sienten menos vulnerables.

 

 

 

 

Necesidad desmedida de amar y ser amado

No dejes que tu pareja ocupe todo tu ser y tu mente de tal manera que no haya lugar para ti. Amar, no es desaparecer” (Walter Riso)

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No podemos dudar de la necesidad que tenemos de amar y de ser  amados. Una necesidad tan vital como la necesidad básica del alimento, del aire que respiramos, de la energía que nos aporta el sol, el agua y la luz.

El amor es un sentimiento libre, espontaneo, natural y necesario para la vida, no puede imponerse a la fuerza, y mucho menos prohibir amar.

Cuando amamos lo hacemos con todo nuestro ser; con nuestra mente, nuestra inteligencia y nuestra voluntad, nuestro cuerpo ama con todos los sentidos.

El arraigo afectivo es fundamental, la familia, la amistad, el territorio, la cultura, los valores y las emociones son el sustrato básico que determina y condiciona nuestro futuro.

No olvidemos la seguridad y confianza en nosotros mismos, el sentirnos valiosos, capaces de afrontar las dificultades y con un buen nivel de autoestima, todos estos factores influyen de forma directa con nuestra vinculación de la infancia y el arraigo afectivo. Supone las raíces de un futuro árbol sano, fuerte y hermoso.

Dicho todo esto, y desde la convicción de afirmar que el amor es importante en nuestras vidas, me pregunto, ¿por qué se convierte en un problema tener la necesidad imperiosa de amar y ser amado?

Porque existe un vacío, porque se ama de forma primaria, inmadura y egoísta. Se ama de forma posesiva, exigente, y hasta impertinente, como si se exigiese el amor por contrato o por decreto. Me pregunto, ¿esto es amor o dependencia emocional?

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Las personas con dependencia emocional albergan en su interior pensamientos de inferioridad sobre ellos mismos, creen que nunca nadie se fijará en ellos, que no tienen nada que ofrecer y que como son tan inferiores, se quedarán solos y la soledad es terrible.

Evidentemente, no han escogido a esta pareja por tener cosas en común o por sentir armonía con ella, sino por la necesidad de ser amado y el miedo atroz a ser rechazada o sentirse solo.

La dependencia emocional de un ser a otro es una de las cosas que más daño puede provocar en una relación de pareja, tanto para el dependiente como para el no dependiente. No se trata de amor sin límites que todo lo puede y con el que todo queda justificado, si no que la pareja se convierte en una relación carente de confianza, respeto, libertad, autenticidad….ingredientes que sí que pertenecen al amor de verdad.

El “solo pienso en ti”, “todo me huele a ti” o “no puedo vivir sin ti” denotan obsesión y no amor, y cuando hay obsesión el amor deja de funcionar.

Es necesario que los amantes comprendan que han de disfrutar con el otro, entusiasmarse con él, pero sin depender de él y desde luego, sin llegar a perder nuestra propia identidad.

Debemos aprender a tener amor propio y para ello hacen falta las cuatro patas de la mesa: un buen autoconcepto, sin autolatigarnos, castigarnos en exceso o imponernos metas inalcanzables; una autoimagen positiva, conforme a tus propios criterios y no conforme a lo que la sociedad impone; proporcionarse refuerzos por los logros y éxitos y una buena dosis de autoconfianza.

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Hacerse amigo de la soledad afectiva

Nos han querido vender que estar sólo es como estar incompleto y hemos llegado incluso a sentir lástima cuando hemos visto a personas ir sola al cine o tomando un café. Pero la soledad no es mala, la soledad nos permite estar con nosotros mismos, tener nuevas ideas y libertad absoluta…

La soledad, en realidad, solo te puede doler cuando tú piensas que tu realización personal depende de tener a una pareja a tu lado y esto no es más que una falsa idea, perpetuada por la sociedad.

Tenemos que aumentar nuestra autoestima teniendo claro quiénes somos y actuando como tal, aprender a estar solos y disfrutar de ello y abandonar nuestras creencias de necesidad de aprobación y temor al rechazo, estas pautas harán que seamos más libres, más auténticos y en conclusión, más felices.

 

 

 

 

 

 

 

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